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domingo, 8 de agosto de 2010

Sarkozy ataca de nuevo.


Solo con que hubiera echado un vistazo a la Ciudad Nacional de la Historia de la Inmigración de París, a escasos 20 minutos en cómodo coche oficial desde el Elíseo, quizá entendería que los conflictos de los últimos años en su país tienen poca base cultural y mucha social. Solo viendo la marginación que han sufrido específicamente algunos grupos puede entenderse que la pobreza, el paro y la exclusión social afecten más a los franceses de ciertos orígenes. Pero dudo mucho de que Sarkozy realice alguna vez el paseíto al museo que recoge los últimos 200 años de historia demográfica francesa, no fuera a ser que se viera reflejado en alguno de sus protagonistas, ya sea por el padre húngaro o por la madre de origen judío o, peor aún, podría llegar a entender que los movimientos humanos se explican en parte por la desigual relación entre unos países y otros.
Con una popularidad tan flácida que no la levanta ni la Bruni, Nicolas hace lo que suele cuando las cosas le van mal: sacar su temible mano dura e inventarse un nuevo supuesto para frenar la criminalidad anunciando que dejará sin nacionalidad a todos los que ataquen a un gendarme, que para ser francés hay que ser digno. No sabemos si con eso quiere decir que las otras nacionalidades son tan poco dignas que se merecen gamberros de todo tipo o si supone que, según dónde, la delincuencia forma parte de la esencia nacional, o que Francia está tan arriba en la escala evolutiva que por defecto no les nace mala gente.
En un ataque a uno de los pilares fundamentales del republicanismo, el de la igualdad jurídica de todos los franceses, muchas son las dudas por resolver. ¿Quién será considerado susceptible de perder la ciudadanía? ¿Quien la adquirió hace cinco años? ¿Diez? ¿Veinte? ¿Quien ha nacido en Francia de padres extranjeros? ¿Y qué va a ser de estos exnuevos ciudadanos? ¿Apátridas? ¿Desterrados? ¿Para ser consecuente habrá que inventarse una forma de compensar a aquellos que, siendo de familias extranjeras, están ganando medallas en nombre de la República? Quizá un carnet de identidad con puntos acumulables tipo tarjeta del Caprabo.



Fuente.: Articulo de Najat el Hachmi.

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