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miércoles, 16 de febrero de 2011

Imaginemos.


Imaginemos que Berlusconi no fuera un hombre sino una mujer: la Sra. Silvia Berlusconi. Imaginemos que la Sra. Silvia hubiese mantenido en su vida privada y pública la misma trayectoria que il cavaliere. Imaginemos por tanto que nos hemos enterado de que la Sra. Silvia, propietaria de una villa en un paradisiaco lugar, tiene por costumbre organizarse unas orgías de aúpa para hacer realidad sus sueños y concretar su gusto por la vida, en la que ella, a su edad, anda en pelotas paseándose entre múltiples efebos, todos a su disposición. Imaginemos que algunos de ellos fuesen menores de edad, infantes de 17 añitos. Imaginemos que en una de sus juergas, tras la cena, la Sra. Silvia se postrara en el lecho de placer y fuera llamando uno a uno a sus invitados que esperaban, animados por miles de euros, su turno: que pase el siguiente. Ya saben a qué, sigan imaginando, que no es tan difícil. Les pido un último esfuerzo de imaginación. Al día siguiente, como si no pasara nada, ayudada convenientemente por la farmacopea más moderna, la Sra. Silvia se sentaría presidiendo el Consejo de Ministros, o acudiría al Parlamento o a la TV, a alternar con un monseñor, o a las reuniones de la Unión Europea a codearse con todos los presidentes y primeros ministros a discutir sobre la crisis, sabiendo que todo el mundo sabía de sus andanzas, y que a ella le gustan los jovencitos y el dinero por encima de todo. ¿Imaginan? ¿Imaginan lo que diría de ella González Pons o la señora Botella, si además fuera socialista? Eso ni yo me lo puedo imaginar.

Fuente: Miguel Miranda,Profesor de Universidad. El Periodico de Aragón.


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