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jueves, 17 de marzo de 2011

Preacuerdo en AENA frente a la huelga.


Salvo que se hipoteque de forma sustancial el proceso de privatización parcial de AENA, el preacuerdo alcanzado ayer por la sociedad gestora de los aeropuertos, el Ministerio de Fomento y los sindicatos es de aplicación más que problemática. Se antoja fuera de la lógica del mercado que la Administración pueda imponer a las empresas que en el futuro entren en AENA, y aún más a aquellas que se hagan con la concesión de los aeropuertos de Madrid y de Barcelona, la aceptación sin tocar una coma del marco laboral pactado. Más parece que en el preacuerdo han prevalecido las urgencias del Gobierno por zanjar la amenaza de huelga en los periodos de mayor actividad turística y las prisas de los sindicatos por salvar la situación ante sus bases.
Si las razones del final de la crisis son estas, y no hay razón para imaginar otras, tanto el ministro José Blanco como los líderes de CCOO, UGT y USO podían haberse ahorrado el espectáculo. Habría sido más prudente pergeñar un acuerdo entre bambalinas y presentarlo a la opinión pública, porque así se habría evitado el riesgo cierto de poner a un paso del abismo al sector turísticos, uno de los pocos con perspectivas alentadores durante los próximos meses. Y también se habría evitado la imagen de corporativismo y radicalidad exhibida por los sindicatos cuando aún se está lejos de salir de la crisis económica. Una sensación que perdura en la mayoría de la sociedad, esté en la situación que esté dentro de la actividad laboral.
El sector turístico, que vio cómo se esfumaba la potencial actividad ante el anuncio de los días de huelga en fechas tan señaladas y cercanas como la Semana Santa, ha respirado ante el preacuerdo y considera, incluso, que podrá recuperar parte de las previsiones de reservas que ya daban por perdidas. Otro porcentaje, por supuesto, se habrá evaporado definitivamente. Queda todavía la transmisión de la información para los operadores extranjeros que habrán buscado destinos alternativos y la ratificación por parte de las asambleas.
En suma, ni el Gobierno ni los sindicatos han hecho mérito alguno para felicitarles. Antes al contrario, hay que reprocharles el haber jugado irresponsablemente con el negocio turístico.


Fuente: Editorial del Periodico de Aragon.



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