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miércoles, 3 de febrero de 2010

El verdadero poder está en Davos.

Así titula el semanario francés “Marianne” una nota en que da cuenta de una discreta reunión de banqueros que estaban en Davos, decidiendo de lo divino y de lo humano antes de que el G20, ese engendro inútil, se reúna para no decidir nada.
Quienes conocen la historia de la banca, y más precisamente la historia de la banca de los Estados Unidos de América incluyendo a la Reserva Federal, saben que ese es oficio de truhanes. John Kenneth Galbraith lo deja en evidencia con erudición y mucho humor en su notable ensayo “Money”. Y uno puede perdonarle -porque él no conoció a los economistas de la hora actual-, el haber afirmado que “el estudio del dinero es, de todos los campos de la economía, el único en el que se emplea la complejidad para disfrazar o eludir la verdad, no para revelarla”. Esa triquiñuela de la complejidad, que en un sentido homenaje a la jerga popular de nuestros días he bautizado como “esconder la pelota”, sirve actualmente en todos los campos de la economía.
Los banqueros, decidieron lo que es o no es aceptable a la hora de regular sus actividades especulativas, esas que culminaron en el gigantesco desastre cuyas consecuencias aun tenemos que pagar. Estos padrinos dicen aceptar el principio de “una reglamentación coherente” pero rechazan la creación de una agencia central encargada de su aplicación. Sí a las reglas, No a los encargados de aplicarlas. Mercados globalizados frente a gobiernos nacionales incapaces de actuar en el ámbito internacional. La selva. La jungla. La misma que les sirvió a los banqueros, a lo largo de la historia de los EEUU, para vivir del cuento.
Los banqueros no tienen ni siquiera necesidad de avisarle a Barack Obama visto que Larry Summers, su consejero económico en jefe, estaba presente. Larry Summers, uno de los iluminados inspiradores de la desregulación que trajo consigo el caos, que ahora funge de asesor del negrito, ese “que no sabe nada”.
Que no sabe nada, se discute. En todo caso Obama ha anunciado que le va a poner el cascabel al gato. Y detrás de él, o precediéndole, se han pronunciado otros jefes de Estado o a punto de serlo, e incluso el presidente del Banco Central Europeo, el muy discutible Jean-Claude Trichet: “En los dos lados del Atlántico los gobiernos han debido poner el equivalente del 25% del PIB bajo formas de garantía, de recapitalizaciones y de recompra de activos para impedir el hundimiento del sector. No se nos perdonaría si el sistema no fuese más resiliente en el futuro”.
Al inaugurar la reunión de Davos, Sarkozy había puesto los pies en el plato: “Yo sé que soy francés y que por ello soy sospechoso”, comenzó Nicolás, “pero si es verdad que demasiadas reglas matan el dinamismo… pocas reglas matan el capitalismo”. “Esta crisis es una crisis de la mundialización (…) “La mundialización derrapó a partir del momento en que admitió que el mercado siempre tenía la razón y que ninguna razón podía oponérsele”. Agregando: “El oficio de banquero no consiste en especular (…), sino en financiar el desarrollo de la economía”. ¿Ah, sí? No jodas… El gran descubrimiento.
Como quiera que sea Sarkozy planteó la pregunta del millón: ¿Cuál es el papel que deben jugar los bancos en la economía?
Peter Sands, -Director General del grupo británico Standard Chartered Bank y copresidente del Foro de Davos 2010 junto a Josef Ackermann, patrón de la Deutsche Bank-, reconoció que “El primer desafío es el de definir cuál debe ser la razón social fundamental de un banco”.
Estamos en el siglo XXI y aun no lo saben… Fácil: el mismo que vienen jugando desde sus orígenes y que consiste en enriquecer a los ricos, haciendo pagar a los pobres, y en el curso de tan nobles actividades darse el lujo de presentarse como la elite social, aquella que frecuentan quienes creen detentar un poder que no tienen. Los políticos.
Como dice “Marianne”, El poder está en Davos.




Fuente: "Clarin, Chile"

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