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jueves, 3 de junio de 2010

Sólo nos falta una guerra.


Simon Peres denunció en abril el acelerado rearme con misiles Scud y M-600 de las milicias islamistas Hamás y Hezbolá. Los misiles estarían llegando desde Irán a través de Siria para ser desplegados en escenarios desde los que se puede borrar a Israel del mapa, tal como ha prometido Ahmadineyad. El Gobierno sirio desmintió esta acusación hasta que hace unos días el diario británico The Times publicó imágenes de satélite que mostraban la existencia de estos misiles en bases de Hezbolá. Ayer trascendió la imagen tomada en marzo por el submarino español Siroco-72 en un puerto sirio, en la que se ve un mercante con decenas de vehículos militares. Todo esto sucede después de que Turquía, la gran aliada militar de Israel en la región, haya firmado un acuerdo de cooperación nuclear con Irán, que está a un paso de la bomba atómica. Dan ganas de vomitar al oír cómo Endorgan califica a Israel de "estado terrorista" después de que el ejército turco haya barrido las llanuras de Anatolia con los cazabombarderos que ha comprado al ejército judío. Dan ganas de llorar al ver cómo Israel ha caído en una trampa para exponerlo como el paradigma de la maldad. La presión sobre Israel, muy justificada, no se ha hecho esperar, el antisemitismo de manual funciona como un reloj; pero ni una palabra de condena sobre el terrorismo de Hamás y Hezbolá. A Irán y Siria les salen las cuentas: si mueren israelís inocentes tanto mejor, y si mueren muchos palestinos inocentes, tantísimo mejor. Y no digamos ya si los que mueren son turcos.



Fuente: El Periodico de Aragón, articulo de Lola Ester.

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