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miércoles, 28 de julio de 2010

Más que una filtración.


Los trapos sucios de la guerra de Afganistán no constituyen una gran revelación, pero tienen el valor de venir del Pentágono. Confirman que EEUU oculta desde el 2004 información que ratifica la desastrosa gestión del conflicto afgano con su correlato de víctimas civiles, corrupción rampante y doble juego en el frente paquistaní. Nada que no se supiera, pero que EEUU y sus aliados quisieron mantener en secreto. Por todo ello, las informaciones difundidas por The New York Times, The Guardian y Der Spiegel son bastante más que la confirmación del secreto de Polichinela. Porque desnudan los argumentos oficiales de la guerra y el marco de referencia en el que se desarrolla; porque ponen en tela de juicio las explicaciones dadas por EEUU. Porque ponen de manifiesto un fallo general de seguridad que ha permitido filtrar una documentación que se suponía encerrada bajo siete llaves. Para los sistemas democráticos la filtración tiene efectos regeneradores. La quiebra de la seguridad nacional invocada por el Gobierno estadounidense es poco convincente: confirmar a la opinión pública lo que todo el mundo intuía no pone en riesgo nada que no lo estuviera antes.



Fuente: Editorial del Periódico de Aragón.

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