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lunes, 10 de mayo de 2010

España, en la tormenta del euro.



Sin la crisis griega, la economía española empezaría a respirar. Tal como presagiaban algunos indicadores --producción industrial, ventas del comercio minorista o rebrote exportador--, el Banco de España confirmó el viernes que el PIB ha crecido un 0,1% en el primer trimestre, rompiendo así la racha negativa de seis trimestres. Y el martes la Comisión Europea volvió a revisar al alza sus previsiones para España.
Pero la tormenta griega lo puede enredar todo. Las mentiras sobre el déficit y el elevado nivel de su deuda pública (más del 115% del PIB en Grecia frente al 53% de España), así como la tardanza de los gobiernos europeos en reaccionar, han provocado una ola creciente de resquemor de los mercados sobre la calidad de la deuda de los estados. España no está en mala situación porque la deuda pública sobre el PIB es inferior a la media de la zona euro y la nota que nos dan las agencias de calificación es superior a la de Bélgica e Italia. Pero tenemos algún talón de Aquiles. El endeudamiento total (si sumamos al del Estado el de la banca y las empresas) es muy alto y nuestro déficit público en el 2009 --que ayudó a suavizar los efectos sociales de la crisis-- supera el 11% frente a una media de la zona euro del 6%. La consecuencia --ya lo ha anunciado Zapatero-- es que deberemos intensificar el programa de reducción del déficit. Es necesario, pero castiga el crecimiento.
Además, España depende también de lo que pase con el euro, una moneda todavía joven. Tenemos moneda única, pero el presupuesto de la UE es solo el 1% del PIB frente a más del 30% de Estados Unidos. El euro sufre porque ni tiene un Estado detrás, ni se ha avanzado en la coordinación de las políticas económicas y fiscales, ni se ha reaccionado con contundencia. Por no hablar de la unión política.
En la madrugada del sábado, los países del euro acordaron crear un fondo de estabilización para proteger su moneda y los bonos de los estados atacados. Lo instrumentaron ayer los ministros de finanzas. Está bien, pero se debía haber hecho en febrero, cuando subió la fiebre griega.
En esta situación tan frágil, lo mínimo que se debe exigir a las fuerzas políticas y sociales --si no alcanzan un pacto global-- es máxima responsabilidad. Por ejemplo, no especular sobre elecciones anticipadas, que solo puede servir para enturbiar más un horizonte ya harto complicado.



Fuente: Editorial del Periódico de Aragón.

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