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viernes, 21 de mayo de 2010

La austeridad debe salvar la equidad.






Las medidas aprobadas ayer confirman que el gran objetivo del Gobierno es ahora la reducción del déficit. Es un giro forzado por la crisis del euro en los mercados y se inscribe en una tendencia general. Así, Europa ha creado un fondo de estabilización de 750.000 millones y el Banco Central Europeo ha intervenido en los mercados. Son decisiones muy nuevas, no previstas en los tratados, porque todos los gobiernos creen que la prioridad es defender el euro, ya que su desintegración tendría graves consecuencias sobre la estabilidad económica, política y social. Y ello exige consolidación fiscal.
España adopta medidas severas. Pasa del ajuste suave al duro, aunque se mantienen las columnas del gasto social (educación, sanidad, seguro de paro y dependencia). La crisis griega y la desconfianza en el euro y en las deudas públicas lo han alterado todo. Y, en el nuevo marco, el déficit español --el 11,2% del PIB en el 2009-- es uno de los más altos de la UE. Ha amortiguado los daños sociales de la crisis, pero hay que ponerle coto. Como harán todos los países de la UE.
Las medidas son las anunciadas. Ahorro de 4.500 millones por la rebaja del 5% (con una horquilla del 0,5% al 7%) del sueldo de los funcionarios y su congelación posterior. Ahorro de 1.500 millones por la no revalorización de pensiones en el 2011, excepto las mínimas (35% del total). Bloqueo de inversiones por 4.000 millones. Retirada del cheque-bebé por 1.500 millones. Recorte de 1.200 en el gasto de los entes territoriales. En total, 5.000 millones menos de gasto este año y 10.000 menos en el 2011.
El déficit pasará así del 11,2% en el 2009 al 6% en el 2011. Un tijeretazo con consecuencias. La previsión de crecimiento del PIB del 2010 se mantiene, pero la del 2011 se reduce del 1,8% al 1,3%.
Son decisiones casi inevitables, pero que deben acompañarse de reformas que inciten el crecimiento, y de más equidad social. El Gobierno subió en los presupuestos, junto al IVA, el impuesto sobre las rentas del capital. Pero la magnitud del recorte hace también inevitable que los patrimonios más altos, no los de la clase media que paga el IRPF contribuyan más. Zapatero lo ha anunciado y se entiende que un impuesto a las grandes fortunas (o algo similar) no se improvise. Pero hay que crearlo porque la inevitable austeridad no puede arrasar la equidad. Los sacrificios se aceptan si los hacen todos y hay rentas que no son tolerables.




Fuente: Editorial del Periódico de Aragón.

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